Muerte mía
Eterna comadre,
la que toma mi brazo sin avisar,
la que camina al paso lento
de mi respiración.
Flaquita:
cuando me duermo entre tus huesos
olvido que tengo cuerpo,
y en ese olvido soy entero.
Te olvidé por años.
Me creí eterno como se creen eternos
los que aún no han mirado nada de frente.
Temí que tú también me olvidaras,
que me dejaras aquí, despierto y distraído,
sin la conciencia mínima
que vuelve sagrado un instante.
Pero volviste.
En las noches en que ya no sabía
cómo se llamaba mi propio cansancio,
apareciste sin pedir permiso
y pusiste tu mano de hueso sobre la mía.
Me mostraste que el infinito:
no era un lugar, era una manera
de estar aquí.
Ahora que me muero un poco cada día
no te vayas.
Camina conmigo hasta el final del camino.
Susúrrame al oído los nombres
que todavía no sé pronunciar.
Tómame del brazo, Niña,
como tomas a las abuelas
cuando ya no hay prisa.
— Manannan Mac Lir
2009 / 2026
