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Revivo, renazco y muero

Revivo, renazco y muero


Revivo, renazco y muero

Revivo cada vez que respiro tu aliento.
Lo dejo entrar por la boca
y quema lo que en mí ya no era yo.

Renazco cada vez que me nombras.
El nombre no me describe, me crea:
así crearon los dioses al principio,
diciendo lo que aún no existía.

Muero cuando me envuelves
y me permites ser tu todo
por solo un instante.
Esa es la doctrina secreta:
no que el amor sea para siempre,
sino que un instante pueda serlo todo
y baste.

Un instante enceguecedor
en el que las dos alas que me crecen contigo
se elevan al lugar
donde no hay dos.

Reviviendo,
renaciendo,
y al final:
morir.

— Manannan Mac Lir
2011 / 2026

Muerte mía

Muerte mía


Muerte mía

Eterna comadre,
la que toma mi brazo sin avisar,
la que camina al paso lento
de mi respiración.

Flaquita:
cuando me duermo entre tus huesos
olvido que tengo cuerpo,
y en ese olvido soy entero.

Te olvidé por años.
Me creí eterno como se creen eternos
los que aún no han mirado nada de frente.
Temí que tú también me olvidaras,
que me dejaras aquí, despierto y distraído,
sin la conciencia mínima
que vuelve sagrado un instante.

Pero volviste.
En las noches en que ya no sabía
cómo se llamaba mi propio cansancio,
apareciste sin pedir permiso
y pusiste tu mano de hueso sobre la mía.
Me mostraste que el infinito:
no era un lugar, era una manera
de estar aquí.

Ahora que me muero un poco cada día
no te vayas.


Camina conmigo hasta el final del camino.
Susúrrame al oído los nombres
que todavía no sé pronunciar.
Tómame del brazo, Niña,
como tomas a las abuelas
cuando ya no hay prisa.

— Manannan Mac Lir
2009 / 2026