Sobre MMCLIR

Sobre MMCLIR


Sobre Manannán mac Lir

Hay una pregunta que me han hecho de mil maneras distintas a lo largo de los años: ¿cuándo empezaste?

La respuesta honesta es que no lo sé con exactitud. Sé cuándo comencé a estudiar. Sé cuándo tomé mi primera baraja. Sé qué libros me partieron en dos antes de los veinte años. Pero el inicio real — el momento en que algo en mí reconoció que este era su camino — no tiene fecha.

Tiene textura: la sensación de que ciertas experiencias no cabían en ninguna categoría que el mundo ordinario me ofrecía, y que necesitaba encontrar un lenguaje para lo que ya estaba ocurriendo.

El chamanismo fue ese lenguaje primero.

No como sistema importado ni como práctica de fin de semana, sino como una forma de relacionarse con la realidad que exige presencia total, que no separa al practicante de lo que practica, que reconoce en el sueño, en la visión, en el trance y en el símbolo una forma legítima de conocimiento. El chamán no estudia el mundo espiritual desde afuera. Lo habita. Lo cruza. Regresa con algo que no tenía al partir — y a veces sin algo que tenía.

Más de quince años de práctica no me han dado certezas. Me han dado precisión. La capacidad de distinguir entre lo que funciona y lo que suena bien. Entre el conocimiento real y la acumulación de vocabulario esotérico que puede sonar profundo sin serlo.

Todo lo demás creció sobre ese suelo.

El Tarot llegó como herramienta de percepción. No me interesa el oráculo mecánico que reparte futuros como si el destino fuera un pronóstico del clima; me interesa la carta como espejo del inconsciente, como sistema simbólico capaz de leer la trayectoria de una vida — pasado, presente y posibilidades — sin reducir al consultante a un guion.

Una lectura honesta predice menos de lo que revela.

Interrumpe, por un instante, la narrativa que el consultante tiene sobre sí mismo. Una grieta pequeña pero real en la descripción ordinaria del mundo.

La formación en magia ritual de la Golden Dawn me dio estructura: la comprensión de que los símbolos no son decorativos sino operativos, que los rituales bien construidos actúan sobre la psique de maneras que la intención consciente sola no alcanza. La Kabbalah me dio arquitectura: el Árbol de la Vida como mapa de la conciencia que dialoga con el Tarot en cada uno de sus senderos. La psicología junguiana me dio nombre: la confirmación de que los arquetipos que los sistemas mágicos invocan son las mismas estructuras que Jung encontró en el inconsciente colectivo, dichas en otra lengua.

La mitología nórdica llegó más tarde, y llegó como reconocimiento. Odín colgado de Yggdrasil para arrancar las runas del tejido del cosmos es la misma operación que cualquier chamán genuino conoce desde adentro: el vaciamiento total como condición de la revelación. Las runas del Futhark no son letras — son sonidos del alma primigenia, y su diálogo con los Arcanos Mayores del Tarot es uno de los proyectos más vivos de mi práctica actual.

Relatos y Visiones es el lugar donde ese trabajo toma forma literaria.

No es un blog de divulgación espiritual. No tiene consejos de cinco pasos ni listas de prácticas para principiantes. Es el sitio donde la experiencia chamánica, la filosofía esotérica y el pensamiento simbólico se vuelven escritura: poemas, relatos, reflexiones, extractos de grimorio. Textos que no buscan enseñar sino resonar.

Si algo de lo que lees aquí te interrumpe — si por un momento tu descripción habitual del mundo deja de funcionar y algo más amplio se asoma por la grieta — entonces este espacio está cumpliendo su función.

Para quienes prefieran el trato directo, las consultas de tarot y trabajo chamánico tienen su propio espacio: tarotmagiamx.com.

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